Una canción se parte al costado de una carretera como una flor herida. Alguien la arrojó al pasar mientras la lluvia golpeaba las ventanas y el pico muerto de las botellas abandonadas.
Un perro vagabundo busca cobijo, va al reparo de las paredes y mira de tanto en tanto adelante y al costado para no encontrarse con quienes no lo quieren.
Un jardín a oscuras le sonríe y a lo lejos suena "For ever young" de Joan Báez, la música es lejana pero mi corazón se las arregla para hacerla suya. Me refugia el sol, el cielo y el fondo de una mirada que me dice y me abraza cuando parece que nada me dice. No importa si no entiendes esta locura mía, nada es claro en esta vida, y no venden luz en el supermercado.
Un avión traza su ruta de nube angosta por encima de mi escalera, y se que nadie es verano repentinamente porque sienta caliente sus retinas, su boca y sus mejillas.
No hay bares abiertos las 24 horas en el cielo, ni noches muertas en el barrio, solo en mi cabeza.
El amor es agua que baja de las montañas, es Dios con mayúscula, que toca igual con una guitarra rota en un recital de fantasmas. Yo estuve ahí y sentí su túnica reseca de un millón de caminos, él me dijo quien era y yo le creí. Cómo no hacerlo si nunca escuché nada igual y todos los genios ya se han convertido en niebla. Su voz está en mis oídos, como los ruidos de la calle a la que me asomo cuando me dejan, hoy es uno de ellos, aunque la reja tenga candado. (José López Romero)
Un perro vagabundo busca cobijo, va al reparo de las paredes y mira de tanto en tanto adelante y al costado para no encontrarse con quienes no lo quieren.
Un jardín a oscuras le sonríe y a lo lejos suena "For ever young" de Joan Báez, la música es lejana pero mi corazón se las arregla para hacerla suya. Me refugia el sol, el cielo y el fondo de una mirada que me dice y me abraza cuando parece que nada me dice. No importa si no entiendes esta locura mía, nada es claro en esta vida, y no venden luz en el supermercado.
Un avión traza su ruta de nube angosta por encima de mi escalera, y se que nadie es verano repentinamente porque sienta caliente sus retinas, su boca y sus mejillas.
No hay bares abiertos las 24 horas en el cielo, ni noches muertas en el barrio, solo en mi cabeza.
El amor es agua que baja de las montañas, es Dios con mayúscula, que toca igual con una guitarra rota en un recital de fantasmas. Yo estuve ahí y sentí su túnica reseca de un millón de caminos, él me dijo quien era y yo le creí. Cómo no hacerlo si nunca escuché nada igual y todos los genios ya se han convertido en niebla. Su voz está en mis oídos, como los ruidos de la calle a la que me asomo cuando me dejan, hoy es uno de ellos, aunque la reja tenga candado. (José López Romero)



5 comentarios:
Deja que el Amor siga bajando como lo hace, hasta convertirse en mar.
Un abrazo.
Alicia
Flores tiradas y heridas
perros abandonados.
¿por dónde anda el espíritu?
Besos.
excelente, como siempre!!
saludos amigo!
¡Cuánto tiempo sin encontrarme contigo aquí, en tu espacio...
... estos espacios para nosotros que son tan sagrados, donde desnudamos la palabra y tantas otras cosas...
Me encantó volver...
Un abrazo
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