Los ángeles muertos y los viejos cuerdos son hilos de viento y azules de cielo. La magia que veo, el sol que yo quiero, los besos sin precio, mi alma y documento.

viernes, 21 de noviembre de 2014

nadie

 Ella, junto a otros, levantó la piedra para encontrar una parte importante de su pasado. Allí estaba el fin de su búsqueda y una verdad incontaminada o imborrable que aunque fuere cruel, ansiaba encontrar.
Un sacudón de sensaciones le metió dudas y amores cual si tocara su propio reflejo y origen.
La vida le había deparado feos momentos, no podía estar exenta de las cosas comunes a cualquier mortal, todo estaba en ese libro que jamás hubiera imaginado para sí.
Lo hecho no sufriría ya modificaciones pues la historia no le pertenecía aunque estuviera incluida en sus páginas. 
Pensó que las viejas fotografías tienen un lenguaje que no puede desdecirse, y que su persona no parecía pertenecer  pues no estaba, a esas imágenes monocromáticas provocadoras de ansiedad, dolor y desencuentro. 
Lamentó que así sucediera dejando que los relatos exploten a su manera, gastando también todas sus lágrimas como infinidad de preguntas flotando en el aire. 
No tener el recuerdo para la breve eternidad, en un trozo de papel revelado siendo acunada por sus padres, era una deuda que le reclamaría por siempre a Dios, aunque a Él le corresponda la libertad de elección que da sin discriminar donde ni a quién. 
El camino no se detiene y el punto de llegada resulta  impredecible, como la realidad que no descansa.
Los hijos de los tiempos violentos, pese a vivir, han sufrido y experimentan en su carne la muerte y el escarnio de sus lazos de sangre, y esta fue y es derramada sin remordimientos por una filosofía de egoízmo y horror que no debe ser justificada en ninguna parte del mundo. 
                                                   Texto y gráfica de José López Romero


 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...