Los ángeles muertos y los viejos cuerdos son hilos de viento y azules de cielo. La magia que veo, el sol que yo quiero, los besos sin precio, mi alma y documento.

jueves, 11 de mayo de 2017

no lo sé

Cuando apelamos a los recuerdos lo hacemos a modo de nostalgia, al menos lo supongo para mí y no lo decido por otros. Hurgando en "venerados" archivos encontré esta postal de mi pequeña locura de antaño, motoqueando por el peralte de un velódromo aún no inaugurado y sin terminar de mi pueblo. Días antes alguien en su moto había salido despedido de una curva embistiendo a un señor que observaba esta audacia prohibida que pudo haberle arrancado la vida.
Los diecisiete míos apenas cumplidos tenían estos desatinos que hoy largamente traspasada tal edad, no me animo a recriminar de los pibes pues no cabe alinear a nadie desde un oculto desequilibrio. Es lo que pienso y aquellos momentos fulguran todavía en mi mente como todas las cosas que emergieron de ese tiempo. 
Era el remanso de libertad que necesitaba más allá de la que gozaba desde los quince años lejos de casa.
Me reconozco en este mozalbete medio loco que pudo regresar ileso a sus calles naturales aún después de haber apurado la vida tempranamente en el mar y las tabernas como si todo se resumiera en un vaso de ron.
                                  Gráfica y texto de José López Romero.

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