Los ángeles muertos y los viejos cuerdos son hilos de viento y azules de cielo. La magia que veo, el sol que yo quiero, los besos sin precio, mi alma y documento.

sábado, 27 de agosto de 2016

así nomás

No sé si es el tango de Fabian o tan solo alguna nostalgia de ayer, quién lo sabe, los filamentos hacen su jolgorio y se conectan y producen cualquier otro zafarrancho por sí mismos, todo es ajeno a la propia voluntad. Al menos de la mía, digo, y todo navega en el mar de la sensibilidad, me gusta pensarlo así y dejo que las cosas sucedan como las imágenes que se guardan y regresamos a ver cada día, en la mente o en la calle, fotografías de pueblo que nos acompañan de toda la vida y siguen allí con sus respuestas, no importa cuales, para cada uno lo suyo.
                                  Imagen y texto de José López Romero

martes, 9 de agosto de 2016

a vuelo de pájaro

Suelo pensar que todo ha sido poco, que nada no es la calificación correcta y un amplio historial de expresiones.
Son momentos de retrospectiva que dejo se adueñen de mi, donde el azar queda a un costado, aunque la vida pueda ser en muchas ocasiones una especie de ruleta.
Recorriendo fugazmente lo pasado siento muy cercano lo vivido y me alegra, ya que me gusta pensar en la totalidad del camino como parte del presente y lo ratifico diciendo que "nada se puede borrar, todo está guardado en la memoria".
Siempre habrá un sitio, lugares especiales, un objeto, palabras sueltas, situaciones que nos pongan al lado de aquellos involucrados en tales instantes. 
Que la vida es corta es una teoría tan humana que nos dibuja en cuerpo y alma que nos deposita en el corazón, muy a nuestro pesar, la tristeza del "ya no ser".  
Alguien dirá mañana de los que pasamos por estos caminos y pueblos, estoy seguro que así será y reconforta, por eso vale haber nacido.
"Dedicado a una gran amiga de mi barrio que me contó infinidad de historias, querida Raquél"
                               Texto y dibujos de José López Romero

jueves, 16 de junio de 2016

no lo sé

Es cierto, nada está librado al azar y lo digo sin causa aparente para ello pero, aquí está significando al menos un regreso después de un largo silencio.
De un pasado sinuoso cargado de expectativas y algunas sorpresas, el letargo del olvido dio paso a una melancolía con visos caprichosos y de mi parte me acuso.
Nadie sabrá de esta reflexión tardía o culposa, solo yo y es suficiente para las cadenas emocionales que merezco. 
La metáfora hiere por mí mismo y no alcanzará a otros. 
El lugar está sumido en un silencio negativo, y el tecleo es una sonata casi agradable que retumba en mi cerebro.
Hace tiempo tiré una botella al mar, no sé si repito las palabras y no hay remedio después de todo, uno es lo que piensa y si no lo expresa tampoco existe. 
He escrito un mensaje en la playa, las olas van y vienen con su historia de milenios, y no pasarán tantos minutos para que nada quede de los trazos sobre la arena.
                                          Un texto de José López Romero 

viernes, 12 de febrero de 2016

todo es

La araña y su riesgo de red, hermosa imagen de "capo laboro". La ví y quise fuera protagonista o acompañante de mis palabras que no saben hacia dónde ir pues hubiera sido lo mismo poner un escarabajo o una chinche verde. 
Sé que me repito y pienso que es debido a que no queda demasiado hilo en el carretel, y quiero decir ideas, aire fresco para darme un vuelo aunque sea frágil, sencillo y espiritualmente diatónico. No tengo un disparador que me lance hacia una dirección determinada, cuando escuché de pequeño que eso es importante o fundamental para vivir. Puede que lo sea y no discuto a los que saben, yo apenas balbuceo mis corazonadas que me han traído hasta aquí y llevado a tantos lugares. Me gusta respirar y en ello soy exitoso, lo hago constantemente y no debo parar, jaj, me atrapa esta "burrada" al decir cosas a tontas y locas, según el viejo refranero popular.
No quiero distraer el espacio y dejo que el silencio haga su efecto. Es difícil ordenar unos párrafos que no están ataviados con inteligencia, eso es para otros que en el mundo diagraman infinidad de salud mental, contrapuestos a las semillas de espinas que desfloran inocentes y microscópicas células. 
La araña ha dado su tono trágico, es como si me hubiera picado pero nada de eso sucedió. Suena un timbre y presiento melodías de manos honestas, si es posible todavía soñar en fantasías que coronen el alma o apenitas el corazón que siempre espera porque alguien así lo dispuso.  
                                                        José López Romero

viernes, 13 de noviembre de 2015

de todos modos

El día es viento casi de invierno y crispa mi espíritu, alguien por ahí se queja de un perro que no cesa de ladrar y de la mierda de los gatos en la tierra revuelta de la huerta.
Las medios de difusión atropellan intimidades con sus consignas de tinte y dolor, de sinceridad, angustia, mentiras, falsos orgullos y discursos de ofensas ausentes de perdón.
No sé cuánto hay de cierto en mi pensamiento y en la devacle de una realidad donde me siento un náufrago en el mar revuelto de las tonterías que lastiman y de la barca sublime de un ideal que dicen ya no existe.
Me senté a escribir para sofrenar el malestar de mi alma, no es justo, pensé, pero aquí ando fuera del puerto protegido, lejos de las tabernas de una época para mi juventud  gloriosa, por qué no decirlo así cuando hay tanta lengua suelta rubricando boberías que no alimentan.  
Termino esta brevedad porque alguien llega en minutos a decirme buen día y eso reconforta. Presiento que así será y lo celebro contra cualquier incertidumbre y maleficio. Esto era para cerrar, no tiene importancia como tampoco lo anterior. Es lo que hay. 
                                                JLR

martes, 16 de junio de 2015

Alguien dijo






En la cúspide de la idiotez, el cuchillo con que el hombre abría el paquete de discos para empanadas, inconcientemente apuntado hacia sí mismo, zafó  incrustándosele en el pecho. Con los ojos desmesuradamente abiertos, pues no era para menos, intentó decir algo inaudible en tanto expiraba.

Nadie comió ese día preparado para fiesta, primero porque la sangre había arruinado el picadillo y los circulitos de masa, segundo, porque debían preparar el velorio del pobre tipo que en su agonía habría escuchado cuando alguien molesto y contrariado por el incidente dijo, “¡qué pelotudo!”.

De alguna manera los presentes y curiosos llegados asintieron esta sentencia impiadosa dejando al que se moría sin remedio con tres palmos de nariz.

Así fueron las cosas aunque este relato parezca el pésimo argumento de una película de cuarta, los peores calificativos para el reciente cadáver, lejos todavía del “rigor mortis”, opacaron sin distingos las lágrimas sinceras y las de compromiso que nunca faltan.

Un par de perros, uno del domicilio y otro callejero arrimado, dieron cuenta del frustrado menú que un delirante sin escrúpulos arrojó al tacho de la basura fuera de la casa. Cuando se percataron de esto ya era tarde y los canes se habían recostado a la sombra relamiendo sus bigotes rechonchos y satisfechos. “La sangre de Cristo”, dijo un no sé qué pariente con cada de compungido graficando su propia ignorancia y desparpajo.

De cualquier manera fue imposible detener el comentario que se deslizó en cuanta lengua sin criterio, ni siquiera con hilachas de humanidad, inflando un  palabrerío ramplón que daba vergüenza.

Desde entonces, ya pasados los años, las empanadas siguen siendo mal vistas en la casa del comedido que aquél día nefasto se ofreció a prepararlas, decretándose de alguna forma su innecesaria e improductiva muerte. Incluso en el barrio dicho drama dejó la enseñanza de no comprar jamás discos en bolsitas sino que cada quien hace masa casera para no caer en un crimen autogestionado. Al mártir de la estocada doméstica ni siquiera lo recuerdan por su nombre, salvo los deudos antiguos, pues como se dice vulgarmente, debajo de la alfombra del mundo está lleno de finados útiles o inútiles.   (JLR)


martes, 31 de marzo de 2015

cuestión de suerte



Una mañana de vuelo bajo y gris nube de radio amarga y llovizna esperando su actitud de retirada cuando asoma un timorato sol entre las hojas a mi izquierda dibujando sus desesperadas ganas de todos los días del mundo sobre la mesa amarilla condenada al silencio de mi desorden. 
El muzgo atrapa flores casi rojas que ya no volverán a su vida de belleza y divinidad pendiendo de una rama y tampoco me mojarán al pasar bajo su techo inocente no me olvido nada y veo mi personaje "comic" pensando un nuevo texto que me conmueva o me haga reír tal supongo es cuestión de suerte como difícil el raspón sobre la herida que no termina de desaparecer mi oscura imaginación o las malditas noticias que no toleran mis oídos o los puntos y comas y sus reglas que hace un par de días no me importan y las trituro en un santiamén.
                                  Gráfica y texto de José López Romero

lunes, 16 de marzo de 2015

la calle libera

Nosotros somos la calle porque le prestamos nuestros colores. Hacemos de ella lo que nos sale aunque a veces equivocados y de modo intransigente, no conjugue con lo que es mejor para todos.
En ellas crecemos y saltamos de la adolescencia a la juventud de paso rápido hacia la madurez. Conocemos lo bueno y lo diferente, aprendemos a decir lo incorrecto que es lícito para unos y lo contrario para otros, nada ni nadie es perfecto y vamos corrigiendo sobre la marcha, improvisando sanos o sin escrúpulos. 
Sin saber o imaginarlo caminamos codo a codo con almas gemelas, con truhanes, con santos, Cristos urbanos, con futuras víctimas o victimarios y un sinfín de seres posibles de una frondosa lista que la memoria no resiste.
La calle libera millones de emociones y en su diversidad navegamos hasta el desembarco final. 
Todos sin exclusiones, mal o bien, con  decentes o indecentes, príncipes o mendigos, cada cual con su argumento o filosofía de vida a cuestas, sin apelaciones deseamos ser felices.

Texto y gráfica de José López Romero. Esperanza, Santa Fe, Argentina.   

jueves, 15 de enero de 2015

solo una mañana

Con el "clic" de una página nueva para mi libro que se va gastando indefectiblemente, debatí sentimientos con mi otro yo y fue una riña de amigos. 
Consideré no eran amplias las diferencias internas en tanto afuera el mundo es un revoltijo que podría decirse desesperante o aterrador y no estar errado. 
Tengo a resguardo mi reserva de amor, me dije, el antídoto para tanta soledad conceptual que se adueña de las multitudes que parecen juntas pero están divididas o en guardia unos de  otros aunque marchen abrazados y al unísono con sus voces.
Hoy solo es una mañana más, con los cables en pugna, chisporroteando, hilos cargados de confusiones externas, un no sé si vale la pena muy propio, esa duda legítima de si Dios está en todas partes y observa, y hay aprestos de hipócritas guerras.  
Los hijos, la familia y los amigos siguen siendo las caricias necesarias, el refugio en las tormentas y un tesoro que no se compara con ninguna riqueza material que anula la ternura y la razón humana. Pido perdón a la madre tierra por tanta barbarie y a los chicos que van llegando a este valle hermoso que no alcanzamos a comprender y preservar para ellos y  nosotros mismos.
                                                                                                          José López Romero

viernes, 28 de noviembre de 2014

sin color

Suele decirse que las imágenes hablan o que el beso del viento es caricia de dios y doy crédito de verdad a tales expresiones. 
Las diferencias aproximan o alejan, escuché otra vez, y hay mucho de cierto en ello, también. Pensé en la postal de la foto que adjunto y su significado de epidermis distintas que no desentrañaré jamás, y en realidad no debería importarme, lo sé.
Contemplo aquél instante que guardé en mi cámara como otros que llevo en la memoria, y mi emoción revive. Siento presente aún, en medio de la multitud interior de la gran catedral en la colina de Montmartre, el recogimiento de aquella persona que supuse de Senegal, con sus manos fuertemente unidas y sus párpados apretados como esperando que la luz más pura entre en su humilde morada. 
Mi deseo fue que el privilegio de su pedido le fuera concedido.
El cantaba con unción mientras yo chapurreaba la melodía en mi ignorancia del idioma francés, y por los costados de la nave central la caravana de turistas no daba silencio ni respeto para las meditaciones de otros. 
Yo no era ajeno a la insensibilidad que describo y me distraía en cavilaciones egoístas. Al finalizar la celebración decidí el abrazo con este hombre que envuelto en la misma sensación aceptó el gesto ofrecido con evidente sorpresa. 
Y fuimos humanos sinceros entre tanto desencuentro sellando el momento en una sonrisa espontánea que se perderá en el tiempo, quién puede saberlo.
Lo raro ni lo importante o vital no es el color que envuelve nuestros sentidos, nuestras ideas o lo que tengamos dentro de este "paquete" que a veces nos define mal o bien.
Somos lo que pensamos y hacemos, nada más, simplemente eso.
                                                                                                                                                                                                                                      Gráfica y texto de José Löpez Romero

     

viernes, 21 de noviembre de 2014

nadie

 Ella, junto a otros, levantó la piedra para encontrar una parte importante de su pasado. Allí estaba el fin de su búsqueda y una verdad incontaminada o imborrable que aunque fuere cruel, ansiaba encontrar.
Un sacudón de sensaciones le metió dudas y amores cual si tocara su propio reflejo y origen.
La vida le había deparado feos momentos, no podía estar exenta de las cosas comunes a cualquier mortal, todo estaba en ese libro que jamás hubiera imaginado para sí.
Lo hecho no sufriría ya modificaciones pues la historia no le pertenecía aunque estuviera incluida en sus páginas. 
Pensó que las viejas fotografías tienen un lenguaje que no puede desdecirse, y que su persona no parecía pertenecer  pues no estaba, a esas imágenes monocromáticas provocadoras de ansiedad, dolor y desencuentro. 
Lamentó que así sucediera dejando que los relatos exploten a su manera, gastando también todas sus lágrimas como infinidad de preguntas flotando en el aire. 
No tener el recuerdo para la breve eternidad, en un trozo de papel revelado siendo acunada por sus padres, era una deuda que le reclamaría por siempre a Dios, aunque a Él le corresponda la libertad de elección que da sin discriminar donde ni a quién. 
El camino no se detiene y el punto de llegada resulta  impredecible, como la realidad que no descansa.
Los hijos de los tiempos violentos, pese a vivir, han sufrido y experimentan en su carne la muerte y el escarnio de sus lazos de sangre, y esta fue y es derramada sin remordimientos por una filosofía de egoízmo y horror que no debe ser justificada en ninguna parte del mundo. 
                                                   Texto y gráfica de José López Romero


 

miércoles, 12 de noviembre de 2014

solo vamos

Tal vez yo no sepa andar por la vida,  privilegio que está reservado a los inteligentes. 
Divago en voz alta por el resto de rodaje que hipotéticamente me toca.
Y miro pasar las personas y guardo su sonrisa o su rostro preocupado en el caudaloso río interno que alimento y creo conservar para una eternidad que desconozco, como todos.
La calle y las personas, amigos o no, los árboles añosos o no, cada uno en su propia fibra somos trazos de una geografía que viaja en el tiempo aunque no nos demos cuenta que este viaje nos dio y dará siempre, boletos que no tienen retorno. 
Solo vamos, alejándonos día tras día de lo querido amado u odiado, quién podría negarlo.
Pienso que como yo atesoro recuerdos del gran libro de la realidad, para alguien estaré siendo útil en esta misma condición. No hay mejor causa que agregar un poco de humana luz a esta aventura que nos tiene parados o marchando simbólicamente dicho, sobre un planeta nunca puro, ni justo o simplemente tranquilo. 
Las utopías son mi sangre, teorías que no cuajan en el proyecto de mundo que ha sido y es moldeado para una corriente que lleva a puerto seguro solamente algunas barcas. 
Lo bueno y lo justo nunca tuvo oportunidad, pues los intereses pecuniarios no comulgan con este sentido de la vida, ellos tienen sus altares y han cambiado por billetes el sacrificio y la sangre de la cruz.
Los mensajes navegan en los millones de botellas que podrían ser rescatadas cual souvenir. 
Los deseos son imperfectos porque la lealtad del corazón se ha perdido con quienes jugaron su existencia al todo o nada por los otros, por mas que los cenotafios intenten reinvindicarlos.
Ayer escuché que el afán y la necesidad de sobrevivir no aconseja decir las cosas de frente. Algo me hace entender que solo es miedo o conveniencia lo que ablanda el coraje, y a cambio se pone delante una estrategia sin coraza de puertas adentro y que a simple vista se desarma tristemente como papeles bajo la lluvia.      
                                                                                             Texto y gráfica de José López Romero  
 
  

lunes, 3 de noviembre de 2014

recodos de la vida

Los círculos del día aprietan la luz y sus formas.
La casona de ladrillos desnudos, antigua y sin vergüenzas me mira al pasar, recostada sobre sus verdes naturales y el viento de un molino intacto y vital.
No molesto a nadie con el ruido leve y diverso de mis ruedas que me alegran.
Es la hora de la siesta y los moradores con sus horarios de campo descansan.
Afuera es lo propio de cada día, los habitantes de los árboles hacen su rutina como los animales desenrrollan la estrechéz del corral y el aroma particular de su lugar. 
Cada cosa está en su sitio y lo sencillo del paisaje me ilumina la razón, todo es armonía que no podría desagradar jamás  y reverencio por lo que trasunta.
Mi pequeña crónica despierta en estos recodos de la vida, donde volver por las huellas es  dibujar la mañana o el crepúsculo del sentimiento que alimenta y fortalece.
Pedaleo en soledad o apenas acompañado por mi propia sombra a la que no puedo dejar atrás. Su fidelidad abstracta me sigue y yo repito senderos y campos que cambian una y otra vez, pero siempre están, aunque un día yo, ya no regrese por este horizonte.
                                                                                            Gráfica y texto de José López Romero   

martes, 7 de octubre de 2014

Libre y mágico

Tal vez fue Penny Lane allí donde creí que él cantaba como John.
Ella vendía flores mientras él ofrecía canciones por monedas en las esquinas y en las mesas verdes de los bares pequeños con puertas rojas y olor a tabernas marineras.
Eran entrañables de su pueblo, ramos de corazones abiertos y poemas de soles internos. 
Él escribía delirante y loco en el atrio de sus amores y desencantos, brillante y lírico, decían, hermosa, dulce y fino nácar de piano, ella. 
Dibujando en el aire una muñeca de humo gritaba "toma revancha" y decía que su chica era Michelle, que caminaba descalza por el diapasón de su guitarra, en el azul de las paredes y en el ocre agónico de los árboles que no ocultaban sus raídas vestimentas.
Como un profeta del espacio y la fotografía de Linda Paul habitaba su mente que bailaba con Eleanor, la señora Rigby, florista de Liverpool que vive en las armonías de su banda.
Solo se que éramos niños cuando corríamos por el Strawberry Fields, donde hoy las rejas son inviolables y hay un millón de flashes japoneses capturando imágenes como en la senda blanca de la tapa legendaria de Abbey Road.. 
¡No me dejes caer!, grité y me vi solo, robando sueños de Ringo y George, geniales y 
libres, igualmente mágicos por cuatro almas y siempre misteriosos como ayer.
                                                                        
                                                                                Texto y gráfica de José López Romero

viernes, 6 de junio de 2014

millones de manos


Protocolos, pre conceptos, pocas son las sorpresas, la ruta está delineada para que nunca hallemos la fantasía del azar en este valle, el de las lágrimas, como suele decirse, já. 
El fondo del teatro de los días suma tinieblas y soledad codo a codo, mientras una luna de alto voltaje acomoda figuras y sensaciones, un modo escrito de lamer la vida, por donde se escapa la luz oculta de un rincón, el rugido del león, un poco de odio, una dosis de amor.
Todos estamos en el andén y a lo lejos aparece el beso y el aire de una copla ferroviaria y una puta ilusión que no se amarra a este tiempo ni con farol de luz verde.
Un poema es deshojado, apretado al piso y al cielo que abre su compuerta en contadas ocasiones, es raro este discurso verdad?, tienes razón, pero no me disculpo.
He perdido la punta del hilo y el tren se aleja con mi equipaje, alguien me dice que tiene un boleto repetido que lleva mi nombre y lo tomo a préstamo. 
Semillas de suertes flacas secan la lengua y hacen corte de manga. El cantor se desliza desde las cumbres, el tapiz es un desierto y también el hueco palmar de los aplausos, nada le importa, es prisionero de sí mismo y lo celebra conmigo. 
Alguien ha muerto en la calle, las sirenas llevan su alma y la arrojarán en una garganta de cemento envolviéndola con su aliento podrido.
Millones de manos dibujan un mar de pálida piel, todo parece escrito en el diario de hoy pero bien podría haber sido fagocitado por un pasquín de ayer. La muchacha que asumió su sexo hace su rutina de persona común igual que otras millones de historias de pelo color y que sé yo qué. Tal vez  dirá que este zapato tiene la suela al revés, pero el tiempo desenvuelve una esquina que canta y discurre con almas desorientadas como la mía, lo hace en cada puerta y en cada señor que acomoda sus gafas en el acto de sacar la basura a la vereda mientras putea desaforado a unos tristes perros hambrientos preparados para el asalto a su bolsa. 
Canto un réquiem al bostezo de la noche y al "emotema" del pobre que busca un tesoro salvador en la madrugada, pero eso es cuestión de gatos vagabundos. Él no lo sabe.
Me permito una patada al aguijón del desencanto, el que vos y yo sabemos nos adeuda una gema cualquiera que nos acomode el bocho, no cierres el puño, y no creas tantas cosas. Gracias 
                                                                                           Gráfica y texto de José López Romero
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