martes 17 de noviembre de 2009

líneas invisibles

Estoy en un desierto y la palidez es el aura de mi encuentro.
El sol brilla como el rey que es, no puedo describirlo, ni siquiera es válido que lo diga.

Más valiente que yo, un gorrión argumenta su destino sin prejuicio, es libre, se mimetiza en la hierba, habita el hueco de un árbol o invade un nido abandonado, es lo que siente y así lo profesa.
Apenas se mirar y me emociona hacerlo.
Las enormes paletas verdes descienden del tronco enredado, o trepan por el, y al modo de los equilibristas sus flores amarillas se elevan intentando sus contorsiones cerca del cielo.
Ellas me confunden agradablemente. Escucho el susurro de una tarde tibia, me recuerda quien soy, es la vida, siempre es la música de Dios, el azul de mis pensamientos, el espacio que me supera, los abrazos que derivan perdidos por descuido, jamás por descortesía u olvido.
Camino en una dirección ausente sin acuerdos para iniciar otro vuelo.
Un par de líneas se sientan a mi lado y un soplo feliz me recupera.
Es la hora, tengo seis minutos para dejar un texto, es mi límite y no se por qué, pero es un tiempo suficiente y apelo a las antiguas fantasías que me sustentaban.
No es posible, me contestó alguien, no hay recetas para eso, solo tienes que mirarte hacia dentro y si nada ves, será por que tu magia humana se ha extinguido.
Lo se, pensé, mi “yo” quedó colgado en el perchero junto a una puerta gigante.
Llegué con unas líneas invisibles en el bolsillo y al ver el rostro de quien me aguardaba con una mentira en los labios, apreté mis palabras muy fuerte, escondiéndolas en el mar profundo de mi alma, tal vez en la constelación oscura de mi desesperación. (José López Romero)

viernes 18 de septiembre de 2009

por el agua buena

Ella apareció pelando una mandarina, y yo, en una mirada de silencio, hice una lectura idiota de mi fantasía.
Afuera, entre el gris y el verde limpio casi de primavera, un cacharro se inundaba y las aureolas de la lluvia arrimaban su naufragio de pequeñas oleadas a mis vidrios solitarios. Antes había pasado por la planta que una vez pintó María, y sonreí por la valiente paloma acurrucada en el nido dando calor a sus huevos sin importarle lo que de las nubes caía.
“Como una piedra llevada por la corriente”, dijo el estribillo de Dylan flotando en mi pensamiento ausente demasiado tiempo y ya no me detuve.
Descolgué del aire algunas palabras y di tono verde al teléfono que me debía respuestas aunque no pude resolver nada con inteligencia.
“¡Che, deberías saberlo!”, me gritó Charli desde la radio.
Impulsivamente contesté que las piedras no son pan y las simulaciones nos delatan. Que humanamente no somos la gran familia de nuestros pregones, pues a pesar de tantas mentiras no hemos inventado días mejores.
Todo tiene su motivo, aduje sin pasión, pero disolver estas cavilaciones con una explicación lógica ya no fue posible ni sonaba interesante.
Algo pasó sobre mí dejando la magia venerable, que vestida con la camisa desteñida de un día manso no se define ni cambia nada.
Aún estoy aquí despertando a la transición del alma, de donde supongo nacerá un cuento de aquellos que llegan tal cual irrumpe de la nada la primera flor.
Lo estoy escribiendo y es una buena señal.
Ya no pronunciaré ideas en calidad de ninguna cosa.
Dejaré que el curso de mi mente haga lo suyo.
Es una lista primaria y me atrevo a intuir, que esta botella navega por agua buena y tocará playa para que mis mensajes no sigan huérfanos ni tan vacíos.
(José López Romero)

sábado 23 de mayo de 2009

aire que no lastima

El bosque apareció delante de mis colores y ya no fueron ausentes dándome un poco de luz. El puente para cruzar a través de mi corazón estaba allí abierto y despojado como un mendigo que mira la calle, colgado del cielo y sus manos sin pedir nada. No me fue revelado y sentí que las palabras eran las de toda la vida, que los pasos no tenían huellas y el viento amontonaba días como si fueran hojas. Sean Lennon cantaba Julia, y la mirada de John se posó en el diapasón de su alma y la mía. Acepté un arco iris nacido luego de ninguna lluvia para oír el llamado de una nave mágica recogiendo pétalos y alas de ideas que vagan como palomas y rosas perdidas. Los mensajes que hice míos decían que el campo dejaría de estar herido para transformarse en verde y espiga. Creí ver a mi gente abrazando la última pasión dormida que los habita, recibiendo el aire abierto que no lastima, girando sobre ruedas limpias por los caminos que hablan el idioma de los molinos desbordando lagunas, de plumas libres y ramas que se estiran en naturales caricias. Tal vez soñaba al hundir mis dedos en rojos, ocres y púrpuras, cuando pinté el rostro de un desconocido que jamás encontraría y las estrellas del cuento de Pablo que leí hace tiempo. (José López Romero)

miércoles 15 de abril de 2009

de atrás pa' delante













Las notas no habitaban en mi cabeza, y si creía que ellas habían nacido conmigo estaba equivocado. La música se recoge de los caminos, en el movimiento de los árboles, en cada acción que ejecutamos los animales de la vida, entre ellos mis hermanos pájaros. Un tacho de basura resuena en la noche, los ruidos marchan a nuestro lado y van construyendo segundos, días y siglos de amores, hambres y odios en una amplitud fotográfica que nos supera. La realidad es un gigantesco pentagrama donde en sus líneas y espacios danzamos disfrazados de redondas, corcheas, fusas, negras y silencios de tal o cual. Somos partícipes de la obra inconclusa de un genio demasiado loco que ideó una marea de tresillos para enloquecer alegremente al mundo. Homenajeó a sus palillos coludos pintándolos de oscuro negro como si fueran huellas del vuelo místico de una mosca con sus bemoles incluidos. Imagínala haciendo de su culo un pito interactuando como otras especies, yendo de la miel a la mierda con el mismo gusto, tristeza o desparpajo que cualquier mortal. Para ella jamás será un pecado, porque tal mandamiento no existe en su código de insecto díptero. Su trompa asquerosa aprovecha los excrementos sin discriminar, será matada por millones pero su naturaleza caminará sobre mis restos, los tuyos y los de aquellos, indefectiblemente. Pequeña, graciosa y despreciable, nada escapa a sus intereses. Si fuera hombre acariciaría de igual modo el oro, el rostro de un bebe, las heridas abiertas, una boca sensual y las voces muertas hasta convertirlas si puede, en un manojo de miserias.
Una partitura podrá ser estrujada y arrojada al fuego pero siempre habrá quien escriba esos garabatos ensoñadores o repudiables que tarde o temprano inundarán senderos mentales como las moscas lo harán en sus lugares muy bien pensados. (José López Romero)

domingo 22 de marzo de 2009

como vos lo pienses

La fecha está marcada y solo es un texto con la importancia que cada uno quiera. El calendario dice que el verano debe palidecer mi piel o la tuya, que las hojas se suicidarán dejándose caer desde sus balcones altos. Que ellas crujirán debajo de los pies al caminar como si fueran música para un collar de letras. Pero nada pasa y como tantas cosas en esta tierra el ciclo del sol tenue parece trastocado y es una película con su productor ausente. Por eso canto al verde que aún despierta a simple vista como el sonido en mis oídos de ruedas que viajan por senderos descubiertos una y otra vez por las bendecidas ganas. A mi alma que vuela con los pájaros que salen de la ciudad a buscar alimento por los campos todavía sanos de trigo, alfalfa y girasoles. A los árboles que resisten erguidos y retoños respetados apenas por tradición, para que su vigilia apuntale la razón de los caminos. El ocre abrigo del otoño anda de la mano con un verano sin apuro, contradiciendo la exactitud de los que leen la vida por tramos estrictos, sin dejar espacio a la espontáneo. Los que planifican el tiempo de la pileta rebosante y su agonía de lecho seco, porque el reflejo colectivo de un guión sin marginalidad les ha quitado el libre albedrío. Me lo dice el verano de las palomas haciendo el amor sobre los techos del barrio, desprejuiciadas con sus alas en actitud de dioses sin paredes, sin condones ni luces apagadas, como salidos de la paleta de un pintor ocasional, para un concierto de colores libres en un teatro repleto de obreros urbanos sin trabajo gestando su resurrección. José López Romero.

jueves 26 de febrero de 2009

próximo corazón

Pasé la mano por su madera descuidada, siempre cerca, reinando sobre una caja de fotografías. Con ella tengo una intimidad muy cerrada, como si fuéramos amantes, y entiendo lícito creerlo, por la proximidad que nos relaciona y las confidencias que nos unen con firmeza. Ambos trajimos al mundo canciones que nadie conoce, o unos pocos, da igual, porque soy un tipo que hace cosas para sí mismo aunque tímidamente las libere para que alguien las conozca fugazmente. Me pasa con las letras de plano raso que llegan oportunas cuando mi revolución interna pide un puesto en la lucha de esta realidad que vamos diseñando sin pausa y sin lástima siquiera por nosotros. Se que ella entiende al escucharme decir que una pena es la misma en todas las razas, en un pobre y un rico, en el miserable y en el avaro, en una puta y en esa niña que aún no ha sido tocada. Y sonríe cuando mi emoción brota melancolías al mirar los nidos de la lluvia, o los sueños que entran sin permiso a dejar mensajes nuevos. Acaricio sus cuerdas cuando convencido he llorado por un anónimo gladiador muerto para regocijo de los jerarcas y de la estupidez que nos hermana, no importa el tiempo. Mi alegría de vivir está a resguardo, pero no me impide pensar, y dejo señales en el rostro de las paredes urbanas por la indiferencia y las semillas del odio comunes a toda época. Me muestro en un espejo que no devuelve sentimientos, como una tarjeta y un teléfono no significan nada para un desesperado que camina a mi lado. El silencio no mantiene alianzas con la paz, las palabras desaparecen al nacer si nadie enseña como decirlas. Elevo la mirada entre las hojas recién perfumadas por lágrimas de nube, merodeo sus flores rojas y deshecho esa portada sensacionalista que pretende dirigirme a la pesadilla de todos los días. Quisiera borrar las pinceladas atroces de mi autoría, ya no de los demás, y descubrir en otros lo bueno que no he hallado dentro mío, todavía es tiempo, lo será hasta que entienda de qué se trata. (José López Romero)

miércoles 11 de febrero de 2009

gracias


Debo dar gracias por todos los días,
debo sentir la vida aún sin quererlo.
A quien mis preguntas fallidas,
a quien mis dolores, mi encono, mi ira.
Debo dar gracias por este sello
que como una herida me ha sido impuesto a lo largo de todos mis días.
Si el mundo supiera que en cada paso pierdo pedazos, que sangro y me arrastro,
que no encuentro el manto para mis carnes frías,
ni el bálsamo para tantas heridas.
Debo dar gracias por haber sido elegida,
pero TÚ que todo lo sabes, porqué no has mirado mi alma tan niña y mi cuerpo tan débil para soportar el sello, ese que me has dado junto con la vida.

El texto pertenece a una amiga de mi pueblo, Isabella Ros, a quien no conozco y quien me ha confiado su pensamiento escrito para que fuera publicado. A ella muchas gracias. (JLR)